La comunicación es un don, y otras historias de don Pim Pón

“¿Luis, tú crees que se puede aprender a escribir bien?”

“Hombre, sino lo intentas, seguro que no.”

Creo que es algo que se repite constamente cuando alguien toma la palabra en público, si habla mal nos da vergüenza ajena, esperamos que se calle ya, que pare.

Si habla bien, esa persona ha sido bendecida con el don de la palabra, le escuchamos con atención. Dale, dale don dale.

Déjame que te comparta mi nada humilde opinión.

No existe tal cosa como un don de la palabra.

Es mentira.

La palabra no es un don.

El lenguaje es una habilidad que se adquiere de manera espontánea y se afianza mediante la interacción social.

¿Saben las personas que te rodean expresarse correctamente? Sin ser consciente, has aprendido a expresarte correctamente por la simple interacción con ellos.

No solo aprendemos un idioma de nuestros padres, una lengua materna, sino que adquirimos hábitos comunicativos. Si en tu casa dices “joder”, tus hijos dirán “joder” más pronto que tarde.

Nuestro entorno define nuestra huella verbal, nuestro idiolecto. Que no es más que la elección de palabras, expresiones y entonaciones que reflejan nuestra personalidad.

Así que la pregunta no es si puedo aprender a escribir bien, o si puedo aprender a hablar bien.

La pregunta es qué hábitos tengo que dejar atrás para mejorar mi forma de expresarme.

Y sobretodo que nuevos hábitos tengo que instaurar en mi vida para expresarme mejor.