Category: Comunicación

Post en el que se habla de aspectos generales de la comunicación

  • El don de la palabra, no existe

    El don de la palabra, no existe

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    Hermes – Dios de la oratoria

    Sí, puedes aprender a hablar en público. La oratoria no es un talento reservado a unas pocas personas: es un conjunto de habilidades que pueden entrenarse.

    «Luis, ¿tú crees que yo puedo aprender a hablar en público?»

    «Hombre, si no lo intentas, seguro que no».

    Creo que es algo que se repite constantemente.

    Si habla alguien habla bien en público. Si tiene siempre la palabra correcta. Esa persona ha sido bendecida con el don de la palabra.

    Déjame que te comparta mi nada humilde opinión.

    No existe tal cosa como un don de la palabra.

    Es mentira.

    La palabra no es un don.

    La palabra es una habilidad.

    ¿Cómo aprendemos a hablar?

    El lenguaje es una habilidad que se adquiere de manera espontánea y se afianza mediante la interacción social.

    ¿Saben las personas que te rodean expresarse correctamente? Sin darte cuenta, has aprendido a expresarte por la simple interacción con ellas.

    No solo aprendemos de nuestros padres un idioma, una lengua materna, sino que adquirimos hábitos comunicativos. Si en tu casa dices «joder», tus hijos dirán «joder» más pronto que tarde.

    Nuestro entorno define nuestra huella verbal, nuestro idiolecto, que no es más que la elección de palabras, expresiones y entonaciones que reflejan nuestra personalidad.

    Así que la pregunta no es si puedo aprender a escribir bien o si puedo aprender a hablar bien.

    La pregunta es qué hábitos tengo que dejar atrás para mejorar mi forma de expresarme.

    Y, sobre todo, qué nuevos hábitos tengo que instaurar en mi vida para expresarme mejor. No se trata de repetir por repetir. Se trata de practicar algo concreto, ver qué falla y volver a intentarlo.

    Si aceptamos que no es un don, la siguiente pregunta es evidente: ¿qué se entrena exactamente? Fluidez, exposición, registro, estructura y comunicación en medios. Vamos por partes.


    Algunos consejos para comunicar mejor

    Antes de ponerte con los ejercicios, toca saber qué necesitas mejorar.

    Diagnosticar la situación actual

    ¿Tienes miedo a hablar en público? ¿Quieres salir en una entrevista sin atascarte cada dos frases? ¿Quieres tener más seguridad y confianza al impartir tus formaciones? ¿Necesitas elevar tu registro para trabajar con un nuevo tipo de cliente?

    Coge un papel y escribe:

    Ahora mismo mi problema es […] y quiero resolverlo para […].

    Vale, ya tenemos un problema y una razón que lo sustenta.

    Lo siguiente es grabarte, bien en vídeo, bien en audio. Por ejemplo, si das formaciones, grábate durante una. Si tienes reuniones online o llamadas de venta, graba varias.

    Después, deja pasar unos días y mira la grabación. Sí, mírate. Esto cuesta y es muy duro. Si te has grabado solo en audio, escúchate.

    Coge el papel y apunta lo que ves o escuchas. Esos son los problemas que tienes que resolver.

    Que otra persona te diga qué ve también ayuda. Se ha estudiado incluso en la formación de médicos, el feedback externo acelera el aprendizaje. Pídele que te diga qué puedes mejorar en la siguiente práctica.

    Algunos de los aspectos que más trabajo con mis clientes son la fluidez del habla, el registro léxico, la estructura, la poda y síntesis de mensajes y la comunicación en medios.

    Resolver un problema de fluidez del habla

    Este es el problema número uno que vas a ver en vídeo. Te quedas trabado y empiezas a hacer «eeeehhhh», «ahhhhhh» o «¿vale?, ¿vale?, ¿verdad?».

    El ejercicio básico para resolver problemas de fluidez es:

    1. Todos los días, abre tu periódico favorito, coge una noticia y léela.

    2. Saca el móvil y grábate en vídeo o en audio durante un minuto dando tu opinión sobre lo que acabas de leer.

    3. Cada vez que detectes un vicio del habla, vuelve a empezar. Anota tu número de «rearranques».

    4. Hazlo todos los días hasta que hables con fluidez y usa el número de «rearranques» como estadística de mejora.

    Con este ejercicio vas a tardar unos días en eliminar las muletillas, y no volverán. Si estás comprometido con mejorar tu oratoria, con muy poca inversión de tiempo dejarás resuelto este problema.

    Tienes miedo a hablar en público

    Este es posiblemente el problema más común y el único que no vas a poder resolver con el ejercicio anterior, aunque ayuda. Y ayuda por lo siguiente: en el momento en el que vemos que empezamos a articular nuestros mensajes de manera fluida, el «qué dirán» disminuye rápidamente.

    Pero la realidad es que, si tienes miedo a hablar en público, solo hay un camino.

    Exponerse.

    ¿Cómo puedes exponerte? Puedes hacerlo, por ejemplo, en uno de mis talleres presenciales de oratoria en Sevilla; hablando más en tus reuniones de trabajo o en el AMPA del colegio; o acudiendo a un club de Toastmasters como Toastmasters Sevilla.

    La práctica y la exposición forman parte habitual de las intervenciones estudiadas para el miedo a hablar en público.

    Tienes que exponerte. Y cuanto más te expongas, mejor.

    Quieres mejorar tu registro porque tu contexto cambia

    Esto también es un clásico: acabas de ascender, te tienes que dirigir a un equipo directivo o cambias de sector y tus clientes ya no son talleres de coches de barrio, sino concesionarios grandes y muy profesionalizados.

    Uno de los primeros entrenamientos de comunicación ejecutiva es mejorar el registro léxico.

    ¿Cómo lo hago yo con quien necesita algo así?

    1. Grábate hablando, si es posible en el contexto real.

    2. Escúchate. Yo también te escucho y vemos dónde hay que incidir.

    3. Empezamos a hacer intercambios de palabras y los practicamos.

    Por ejemplo: «Donde dijiste X, ahora hay que decir Y». Y hacemos una simulación.

    O buscamos palabras en las que debes elevar tu registro. Por ejemplo, dejar de decir «cosas» y pasar a utilizar palabras de tu gremio.

    Un ejemplo reciente con un abogado sería «han llegado unos asuntos del juzgado» y definir esos asuntos: «alegato», «notificación», «respuesta», «demanda».

    Quieres hablar de forma más ordenada

    La siguiente parte son las estructuras: recursos para organizar nuestros pensamientos y mensajes y ayudar a que te entiendan a la primera.

    Por ejemplo, la estructura PAS.

    Empiezas por el problema.

    Cuentas la agitación que genera el problema. Es decir, por qué es relevante.

    Y hablas de la solución.

    «¿Estáis teniendo problemas con los aires acondicionados? Normal, y cada día va a más.

    Con el calor de Sevilla, una avería puede dejaros sin climatización justo cuando más la necesitáis. Si, para colmo, esto os hace parar la sala de servidores y parte del equipo se queda parado, lo único que hacéis es perder dinero.

    Nosotros tenemos un plan de mantenimiento anual y un servicio exprés con el que prometemos una reparación en menos de 12 horas durante la época estival, si es necesario.

    ¿Queréis que os explique cómo trabajamos?»

    Trabajo muy a menudo con estructuras comunicativas: coger un mensaje, estructurarlo, podarlo y sintetizarlo.

    En los tiempos que corren, es una habilidad clave para evitar malentendidos y conseguir que nos atiendan. Ser breve.

    Necesitas comunicar en medios

    Si te hace falta hablar en medios, lo lógico es que hayas superado las fases anteriores.

    Ya hablas con bastante fluidez.

    Sabes adaptar tu vocabulario al tema, al público y a tu papel como portavoz o experto.

    No tienes miedo a enfrentarte al público. Nervios sí; miedo, no.

    Y eres capaz de comunicar de manera ordenada, sin divagar, para que la audiencia no desconecte de tus mensajes.

    Ahora lo que queda es afilar el mensaje. Pídele a un amigo que haga de periodista y graba la conversación. Después, escucha tus respuestas y apunta las frases más claras y contundentes.

    Lo mismo: si sales en medios, revísate después y apunta aquellas frases que hayas dicho y que creas que puedes usar en la siguiente entrevista.


    ¿Y si lo trabajamos juntos?

    Puedes trabajar todo esto por tu cuenta.

    Grábate, practica, mide y repite.

    El problema es que detectar tus propios errores suele ser la parte más difícil.

    Ahí es donde un entrenador externo puede acelerar muchísimo el proceso.

    Si quieres que lo trabajemos juntos, podemos hacerlo online o en persona, en Sevilla y Cádiz. Y si prefieres practicar en grupo, tienes mi taller de oratoria en Sevilla.

    No dejes que la comunicación limite tus oportunidades