Un martes cualquiera,
once de la mañana.
Se repite la misma escena.
Otra reunión para perder el tiempo.
Otro correo larguísimo que no dice nada.
Otra malentendido por no cuidar las palabras.
Y para colmo, un Whatsapp de 12 minutos de un compañero de trabajo en apuros.
¿Cuánta energía dedicamos a resolver malentendidos que se podrían haber evitado eligiendo las palabras con más intención?
¿Cuántos hilos de correo podrían haberse resuelto siendo más precisos con nuestras palabras?
¿Cuánto nos cuesta la mala comunicación en nuestro día a día?
Comunicar correctamente no suma, multiplica.
Una idea bien comunicada cambia la percepción que tienen de tí los que la escuchan.
Un problema correctamente descrito está más cerca de ser resuelto.
Y aprender cuando no toca hablar, puede salvar nuestra carrera.
Yo hablo de esas situaciones en mi newsletter. Y allí derribo un mito que le conviene mantener a unos cuantos.
El mito de que la comunicación es un don. Pero no es así.
Pero seguimos empeñados en no darle el valor que merece.
Da igual que el 10% del PIB del mundo esté en juego anualmente por no saber elegir nuestras palabras.
Da igual.
Da igual que en seis meses dimitan tres CEO y se pierdan miles de millones de euros por dos palmos de cable.
Da igual.
Da igual que a profesionales técnicos brillantes no les escuchen y muera una profesora en una explosión mientras sus alumnos de diez años lo ven todo en directo.
Da igual.
Total. Entenderse, ¿para qué?
Si en el fondo, da igual. No pasa nada. Ya se comunicarán los chatGPT entre ellos, ¿no?
Tú le das unas líneas y le dices, escribe un correo largo de esto, le llega a tu colega y dice, resumémelo en unas líneas. Lamentable, la verdad.
Que tienes una presentación complicada, nada, chatGPT.
Que te casas, nada, que te escriba los votos chatGPT.
Que te suicidas. Pues también. chatGPT.
Ya se cancelará la suscripción cuando te mueras. Total: para 22 días de vacaciones al año.
Pero no, no da igual y lo sabes.
Porque luego llega el directo, y ahí no hay chatGPT, ni Claude, ni ostias. Estás tú, tu jefe, tu cliente, tu mujer, tu paciente, tu quién sea.
Y empiezas a sudar, porque no encuentras las palabras.
Las encuentras, pero no te entienden.
Te hacen preguntas y te pones nervioso.
Al día siguiente recuerdas las conversación, y te maldices por todo lo que deberías haber dicho. Cuando recuerdas lo que paso en la sala solo escuchas “eeeeeeeeeeeeh”.
Eres más listo en el “debería haberle dicho”, que en el directo.
Pero no pasa nada. Menos la muerte, todo tiene solución. Porque recuerda.
Y mira, no te vas a convertir en Obama después de esto.
Siendo prácticos, para comunicar mejor que el noventa por ciento de las personas ( no que el 99%, que eso es más complicado ) solo tienes que trabajar lo que yo llamo “palancas básicas de la comunicación”.
No son demasiadas, y se aprenden relativamente rápido, aunque hace falta asentarlas mediante la práctica.
Yo todo esto lo asenté en un periodo de dos años.
Un día salía de una sala después de que mi jefe pronunciase estas palabas, “Luis, tienes que mejorar tu comunicación”.
Doce meses después me bajaba de un escenario como el mejor orador de Andalucía, Levante y Baleares en 2025.
Tres meses después di mi primera formación a un grupo de empresarios. Recibí mensajes durante semanas del rendimiento que le estaban sacando en sus empresas, y algunas situaciones que se habían desbloqueado.
Seis meses después ceremoniaba mi segunda boda. Me preguntaron desde hace cuándo conocía al novio, lo conocía desde que me había pagado para oficiarla dos semanas antes.
La ventaja de haber estado en el “Luis, tienes que mejorar tu comunicación” es que cubrí gran parte del hueco con práctica, método y disciplina.
Leí, me formé, practiqué y sobretodo, mejoré. De esa forma me di cuenta de lo siguiente:
Podemos entrenar cosas sencillas, pero efectivas. Por ejemplo.
Juan entendió después de una formación que la comunicación es una herramienta que sirve a una intención. Ahora sus reuniones son cortas, divertidas y efectivas.
A Clara no la entendía nadie, sus correos era una bomba, generaban más preguntas que respuestas. Aprendió una estructura para trasladar sus opiniones, AREI, y ya nunca tiene nada que aclarar.
Pepe era el conflictivo, si abría la boca para señalar un problema, acababa peléandose con alguien. Trabajamos en una formación una fórmula comunicativa para dar feedback, SCIR, además de principios de comunicación no violenta.Ahora le piden consejo.
Manuel vino para aprender a ligar. Le dije que aquí no era. Se empeñó y vino a un curso para aplicar mis técnicas de oratoria a ligar. Sigue soltero. Manuel es feo. Eso no lo arreglo.
Pero la oratoria y la comunicación profesional sí. Por una sencilla razón.
Y sino quieres mejorar, nada.
Ya sabes.
Que lo haga chatGPT.