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  • Con Franco se vivía mejor, y otras formas de trasladar tus opiniones sin liarla parda.

    Se acerca la cena de año nuevo, la tercera oportunidad de las cinco oportunidades oficiales de destruir la familia durante este campo de minas llamado navidad.

    Así que tras tres copas, te dan ganas de decirlo. De soltarlo. Soltar un titular.

    Y no, no te pienso explicar como decir que con Franco se vivía mejor.

    Mi objetivo hoy es compartir tres ideas al respecto de como compartir nuestras opiniones. Una negativa, otra positiva y una esperanzadora.

    El 75% de los conflictos del mundo empiezan por alguien que transmite una opinión, recomendación o juicio de valor de forma torpe e incorrecta.

    Pasa todos los días. En casa, en el trabajo, en la universidad o en la ONU.

    Y ahora la positiva. Compartir opiniones, recomendaciones y juicios de valor de manera específica, empática y asertiva es una forma de generar buenas relaciones.

    Y ahora la noticia esperanzadora. Existe una fórmula para hacerlo.

    Es tan sencillo como situación, complicación, impacto y recomendación. La fórmula SCIR.

    Trasladar nuestras ideas mal. Historia de unas lentejas

    Veréis, recuerdo hace muchos años que estando en casa de un amigo, el padre le dijo a su madre «Estas lentejas son una mierda».

    Se hizo el silencio. Las lentejas no estaban frías, ni duras, ni sosas. Eran una mierda.

    Empatía cero. Respeto por el cocinero cero. Resultado. Divorcio.

    Ese capítulo fue una definición de compartir mal una opinión. Fue negativo, desequilibrado, en tercera persona, y con una falta de empatía tremenda. La lectura fue “eres una mala cocinera”, o “tu cocina es una mierda”.

    Lo que conseguimos al compartir nuestras opiniones sin tener en cuenta a la persona que tenemos delante, podemos romper cualquier tipo de vínculo emocional que tengamos o podamos tener con ella, sembrar recelo donde hubo confianza, miedo donde hubo respeto y desconexión donde hubo cariño.

    Las opiniones compartidas así hablan de cómo me siento yo. Habla de lo incapaz que soy de argumentar mi opinión. Habla de la poca claridad que tengo en mi mente, y de mi incapacidad para ofrecer una mejor solución a una situación. Mi única salida, el insulto, la faltada, el exabrupto.

    Cuando le hablo así a una persona solo demuestro una cosa, poca asertividad. No le digo lo que necesito de ella, le digo lo que pienso de ella. No le digo lo que me gustaría ver que hace, le digo todo lo que no me gusta de ella. No le digo aquello que hizo bien, me centro en lo que es… en lo que es una mierda.

    Compartir juicios de valor de esta forma es relativamente sencillo. No hay que pararse a pensar demasiado para eructarle a alguien un exabrupto a la cara.

    Trasladar nuestras ideas bien

    Para trasladar nuestras ideas bien, y especialmente nuestras opiniones, tenemos que atender a dos criterios principales.

    Ser específicos, y ser empáticos.

    Ser específico significa evitar hablar de generalidades. Significa que “las lentejas son una mierda”, puede convertirse en “las lentejas están aguadas”. La diferencia entre el primero, y el segundo, es que la persona que recibe la opinión entiende claramente cuál es tu punto de vista.

    Ser empático significa no convertir lo que compartimos en un ataque, especialmente, sino queremos hacerlo. Significa usar un lenguaje positivo, o neutral. Significa hablar de hechos.

    Significa compartir nuestras opiniones siempre en primera persona. Significa referirnos a un comportamiento, y no a una persona. Significa entender qué merece la pena decir y qué no a quién tenemos delante.

    Y hacer esto, es mucho más complicado de lo que parece. Pero existe una fórmula sencilla que puede ayudarnos a hacerlo, se llama la fórmula SCIR, o sino hay R, SCI.

    Contenido del artículo

    La presentación

    Fue en un primer trabajo que tuve antes de entrar a la universidad. Una pequeña consultora en la que no dure ni un mes. En cuanto me llamaron para investigar en la universidad, huí.

    El comentario fue “Esta presentación ciérrala, la ves solita, y la traes arreglada”.

    En la reunión había ocho personas, el director del equipo, cinco consultores con experiencia y dos becarios. Yo era uno de esos becarios, y contemplaba como la cara de esa chica se tornaba blanco marfil.

    Cuando salí, estaba llorando en el café con otro compañero. El comentario fue “Nunca me dice cuál es el problema y no sé que cambiar. Creo que me odia.”, su compañero, le decía “No te preocupes lo miramos entre todos a ver que es”.

    Sigo sin saber cuál era el problema, sinceramente. ¿Fueron los datos? ¿Los colores? ¿Las palabras?

    Vamos a entrar en el terreno de las elucubraciones, ¿qué habría pasado si le hubiera dicho algo así?

    “Cuando empiezas explicándole al cliente todas las hipótesis y hechos, en vez de empezar por la solución, corres el riesgo de que desconecten o incluso te pidan ir al grano. Empieza por la solución, que es una buena noticia, y luego, vamos a cómo la sustentamos. Organízalo para que la solución quede al frente.”

    Vaya. La diferencia habría sido infinita. Quizás se habrían quedado los becarios, y varios consultores que se fueron unos meses después.

    El crédito emocional

    Hace poco leí en un libro sobre un concepto llamado crédito emocional. Mi mente de ingeniero autista conectó inmediatamente, como una forma de cuantificar nuestras relaciones.

    Tú y yo, en nuestra relación tenemos un crédito emocional entre nosotros. Añadiremos crédito emocional si nos comunicamos desde el respeto, pero lo restaremos si nos comunicamos de forma torpe o intencionadamente agresiva.

    Piensa en pareja, o en tus hijos. ¿ Crees que merecen comentarios como “con estas notas vas a vivir debajo de un puente”, o “ya has roto otro plato, ¡no sabes hacer nada!”? ¿Qué quieres conseguir? ¿Que tu hijo llore? ¿Que tu mujer te deje?

    Lo dudo. Quieres que tu hijo saque mejores notas, y que tu mujer deje de romper platos. Pero eres incapaz de comunicarte mejor en ese momento, no sabes realmente qué quieres que hagan y mucho menos tienes la energía para trasladarlo sin que tu hijo acabe llorando o tu mujer se enfade.

    En ese caso quizás haya que hacer uso de una virtud que escasea muy a menudo. Callarse hasta que seamos capaz de articular nuestras ideas sin romper nada.

    Para concluir

    Podéis pensar que he vivido en la guerra, afortunadamente, no a diario. Pero si he sido testigo de muchas situaciones en la que la comunicación ha conseguido exactamente lo contrario de lo que se quería conseguir inicialmente, y a base de acudir a toastmasterssevilla.com/proxima-sesion he reflexionado mucho al respecto.

    La realidad es que la comunicación es altamente contextual. Si llevo una semana diciéndole a mi vecino que baje la música, quizás, no se lo traslade con suavidad la séptima vez, ni con empatía. Pero lo que siempre debo intentar es ser específico, quizás le diga “Tío, ¿pero estás sordo o qué? ¡Voy a llamar a la policía, me tienes harto! Baja la música de una vez, ¡coño ya!”

    El bonus

    Sobre esto di un taller hace poco en mi club de Toastmasters.

    Tengo un vídeo. Si has llegado hasta aquí y quieres ver el taller, comparte el post y comenta algo que te haya gustado de él y te mandaré el enlace.

  • “Anotop”: cuando un lapsus se come todo el discurso

    Me gustaría centrarme en los aspectos comunicativos de este divertido lapsus de Alberto Núñez Feijóo durante su cara a cara con Pedro Sánchez, y quizás añadir alguna idea metapolítica de lo que yo entiendo de este suceso.

    Para el que viva debajo de una piedra, le dejo la transcripción y el corte de la intervención.

    Feijóo : “Se va a rodar algún día una serie sobre sus años de presidente, y se llamará… A Anotop ( Parte del hemiciclo se levanta entre risas y aplausos contra el lapsus de Feijóo ) Perdón. ( Se corta el micro y aunque habla no puede terminar su intervención, y cierra el micro visiblemente molesto )”

    Sánchez : “Entre sus virtudes señor Feijóo, no está el de ser un buen parlamentario. (Parte del hemiciclo se levanta entre risas a acompañar el ataque de Sánchez)”.

    Desde que ha pasado esto se me ha llenado el feed de Instagram de análisis divertidos de la secuencia. Es curioso, que ninguno entra al fondo del asunto, pero para eso ya estoy yo.

    Voy a dejar tres ideas. La primera para Feijóo, la segunda para Sánchez, y la tercera de la situación que se vive semana a semana en el congreso.

    Alberto, fillo meu: el cierre NO se improvisa

    Lapsus en política hay a pares. Desde el “follar” de Zapatero, al “Es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde” de Rajoy, pasando por todo tipo de resbalones parlamentarios, en mítines, y frente a cualquier audiencia.

    Los lapsus son eso: lapsus. Son inevitables, a veces nos confundimos, y bueno, es lo que hay.

    El problema no es equivocarse. El problema es dónde te equivocas.

    Pero si te vas a preparar un golpe de efecto para una conclusión de un debate parlamentario. Como mínimo, prepáratelo.

    ¿Cuánta gente se está preguntando cómo se iba a llamar la serie?

    Muy poca.

    ¿Y cuánta gente se está quedando solo con “Anotop”?

    Mucha más de la que debería.

    Hay dos razones por las que hay que prepararse estos momentos “épicos” en las intervenciones. Sean donde sean.

    1. Evitar lo que le ha pasado a Feijóo. No meter la pata, y diluir tu golpe de efecto hasta el punto que se vuelve contra tí.
    2. Hacer que cale el mensaje. Si durante esa estocada final, ese golpe maestro dialéctico, tienes que mirar al papel, pierde toda su fuerza. Así que antes de sacarlo, respiras, miras a los ojos a tu interlocutor y le dices la frase.

    Ateniéndome a lo que Feijóo dice que intentó decir, quedaría así :

    “Se llamará ( pausa ) Anatomía de un farsante( pausa ). “

    Si en una intervención, tienes una frase que estés deseando decir. Que llevas meses preparándote, prepárala. Apréndetela. No mires el papel, mira a tu interlocutor a los ojos, y se lo dices, sin pestañear.

    Por último, y como una simple recomendación, si por alguna razón la frase con la que queremos concluir es complicada. Simplifiquémosla.

    En mi opinión, Anatomía de un farsante es elegante, porque hace referencia a “Anatomía de un instante”, un libro en el que Javier Cercas habla de un golpe de estado. Es una forma sutil de llamar “farsante golpista” al presidente del gobierno.

    Pero tiene dos puntos negativos:

    1. Es difícil de articular en caliente.
    2. Es tan fina que casi nadie va a captar la referencia ni a sentir el impacto que Feijóo buscaba.

    Yo, desde la pura comunicación, habría ido a algo más directo y menos conceptual. Y ya cada uno que elija su nivel de beligerancia.

    Solamente hablo de comunicación. A mí la política en términos de partidos me da igual.

    2. Pedro, hijo mío: no hace falta abalanzarse sobre el lapsus

    Pedro hijo mío, ¿de verdad te tenías que abalanzar sobre el pobre Alberto?

    Abalanzarse sobre una persona cuando comete un lapsus tiene, para mí, tres lecturas:

    1. Consigues que la otra persona deje de escucharte. Es un ataque a la persona, no a la idea. En este caso, Sánchez se ha tirado al cuello de Feijóo. A partir de ahí, el otro entra en modo defensa, no en modo escucha.
    2. Contraargumentas sin argumentar nada. Atacar el lapsus es una forma muy cómoda de no entrar al fondo. La percepción de quienes sí van al contenido es: “Vale, te has reído, pero no has respondido”. Has desviado la atención hacia algo irrelevante.
    3. Atacas la peor versión del argumento. Y siempre que nos enfrentemos a una postura deberíamos argumentar contra su mejor versión, aunque la persona que tengamos delante sea incapaz de expresarla bien en ese momento.

    Este último es importante para evitar que esta persona, en una intervención posterior, reconstruya su postura y nos deje sin argumentos..

    En este sentido, atendiendo al debate en sí, para aquellos que quieran ver el cara a cara completo pueden verlo aquí . Pueden ver como Sánchez, en su intervención final, no responde a nada.

    En este sentido, creo que Sánchez podría haber salido mucho más reforzado de esta situación si no hubiera sido tan duro y directo con Feijóo. Hubiera evitado o comentado de manera suave el lapsus, sin ánimo de hacer daño, y hubiera cerrado con un par de argumentos.

    No atacar al lapsus significa rebatir los argumentos del otro en su mejor versión, traer al debate aquello que es relevante y dejar lo irrelevante como una nota anecdótica o no nombrarlo.

    Por último, y en un tono políticamente maquiavélico. ¿No le conviene a Sánchez tener un oponente político poco hábil como parlamentario? Ahí lo dejo.

    Congreso, redes y espíritu crítico: el verdadero problema

    Las redes sociales y los algoritmos están acabando con el espíritu crítico de la sociedad.

    Cuando me dispusé a escribir este pequeño resumen, acudí a buscar el cara a cara a completo. No fue difícil, pero estaba enterrado entre los cientos de clips y recortes que se han hecho de esta parte del cara a cara y el lapsus de Feijóo.

    De cada una de las partes, este cara a cara se podría resumir de la siguiente forma.

    Feijóo

    • Trae un mensaje claro, agresivo y coherente con su línea: Sánchez como peligro institucional.
    • Pero se pasa tanto de adjetivos y ataques que deja hueco al reproche de “no propone nada”.
    • El lapsus le estropea el momento más importante de su intervención.

    Sánchez

    • Evita bajar al barro de cada caso y se refugia en el marco “verdad / instituciones / buena gestión”.
    • Aprovecha el error de Feijóo para clavarlo con una etiqueta (“no buen parlamentario”) que es fácilmente repetible.
    • Sale del cara a cara con una imagen de mayor control escénico.

    En resumen, que no se ha dicho gran cosa, ni cosa nueva. Y parece que las recortes que aparecen de los cara a cara están hechos para alimentar los algoritmos y arrasar con el alcance. Pero desde el punto de vista del debate parlamentario, o de traer algo útil a este país ( una ley anticorrupción seria por ejemplo ), nada de nada.

    En definitiva…

    De este pequeño “Anotop” me quedo con cinco ideas:

    1. Aprende del error de Alberto: si vas a tener un golpe de efecto final en una intervención, prepáralo y hazlo sencillo.
    2. No dependas del papel para cargar de emoción y peso tus palabras; además, así evitas leer mal algo y decir “Anotop”.
    3. Si alguien tiene un lapsus, no ataques el lapsus: sé benevolente con los errores de forma y ve al fondo de las cuestiones, para no romper relaciones humanas ni empobrecer el debate.
    4. Debatir los argumentos siempre en su mejor versión es la única forma de que, cuando se reconstruyan, no te quedes sin respuesta.
    5. Informarse a base de reels de 60 segundos está destruyendo el espíritu crítico de la sociedad. Si queremos democracia adulta, necesitamos consumo adulto de información.

    Y, mientras tanto, seguiremos aquí, hablando de comunicación… aunque todo el mundo esté hablando solo de “Anotop”.