Rapidez, y velocidad.

Para aquél que no sabe a dónde va, ningún viento es favorable. Séneca.

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Velero navegando

Movimiento. Decidimos a menudo movernos, confundiendo la sensación de movimiento con dirigirnos a algún lugar.

Definimos planes que no sabemos a dónde llevan. Buscamos métodos que no sirven a ningún objetivo. Cómos que no obedecen a porqués.

Y no paramos de equivocarnos, porque preferimos engañarnos pensando que es mejor moverse que pararnos a recapacitar. ¿A dónde queremos llegar?

Confundimos velocidad con rapidez.

Métodos con principios.

Cómos y porqués.

La rapidez es una magnitud escalar, el módulo de la velocidad, es independiente de la dirección. La rapidez es agnóstica del destino, puedes ser rápido dando vueltas en círculos. Sin embargo, la velocidad es una magnitud vectorial, en su definición, entra en juego una dirección. La diferencia es fundamental.

Porque si erramos la dirección, dará igual lo rápido que viajemos. Sin embargo, dada la dirección correcta, todo avance, por lento que sea, será positivo. Sumará. Y en algún momento llegaremos a nuestro destino, al objetivo. El punto de destino que fija la dirección.

Hace poco, un conocido viendo que estábamos construyendo una asociación que tiene un fin ambicioso, me comentó que era increíble lo rápido que habíamos avanzado.

Empecé la idea por la necesidad de disponer de herramientas y un espacio para usarlas, busqué gente, entonces el proyecto se volvió de todos. Ya estaba fuera, ya no era mí idea, era nuestro proyecto, y el verdadero valor no era el taller sino la comunidad.

Escribimos unos estatutos, dimos de alta una asociación, organizamos eventos, conocimos a gente, encontramos un espacio y definimos la forma de financiar nuestros objetivos.

A día de hoy tenemos un espacio compartido, modesto, pero con visos de crecer. ¿Por qué?

La primera razón es que la asociación siempre tuvo unos objetivos claros, definidos comunitariamente en unos estatutos. Disponer de un taller colaborativo bien equipado de forma privada, y divulgar conocimiento en eventos en abierto, con el objetivo de crear conciencia tecnológica. El segundo fin atrae a socios que disfrutan del primero.

Habíamos definido, entre todos, la dirección en la que queríamos movernos.

Volviendo de Madrid con el secretario, decidimos hacer un pequeño cuestionario que estaba en Internet, que reforzó los estatutos. Un cuestionario sobre construcción de comunidades, que ha asentado las bases de algunos de nuestros esfuerzos, y que tendremos que hacer en la comunidad en algún momento.

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Canvas comunitario

La primera pregunta es propósito, la misión que le da sentido a todo. ¿Cuál es el propósito de tu comunidad? La segunda es audiencia, los receptores. ¿Cuál es tu público objetivo? La tercera son tus valores, los porqués que marcarán los cómos. La cuarta tus objetivos, el destino.

Las primeras cuatro preguntas de nueve, asientan el destino. Dado el destino, puedes elegir tu dirección. Una vez tienes dirección, puedes definir la velocidad, en algún momento se llegará al destino. ¿Antes? ¿Después? Da igual, si la dirección es la correcta, llegaremos en algún momento.

Asienta unos principios, define unos objetivos y comienza a moverte en la dirección correcta. Levanta la cabeza, mira atrás, mira a tu alrededor, calibra y apunta de nuevo. Anda otra vez. Repite. cuando alcanzamos una meta necesitamos definir nuevos objetivos, el camino no se despeja nunca. Los objetivos son revisables, aunque los principios deberían ser inquebrantables.

A veces irás más rápido, a veces irás más lento, pero dará igual si la dirección es la correcta.

Cuando pase el tiempo, mira atrás de nuevo y disfruta con lo que has recorrido. Los caminos sirven a los que conocen su destino, todo lo demás, es deambular.

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